ViajesAugust 27, 2006 8:24 pm

No se si está recogido dentro de la ley de Murphy, pero no deja de ser curioso que en el verano más seco de la historia de España se ponga a llover justo el día que me voy de acampada.

 
Un día después de la visita a Toledo, y tras haber logrado cambiar la rana por un Clio nuevecito, nos dirigimos hacia el norte bajo un espeso banco de lluvia. Como desde que volví de Amberes había visto llover sólo un día yo estaba encantada con el chaparrón. Si hay que mojarse en las vacaciones, una se moja. No hay problema. Todo sea por que mejorar la sequía. Por su parte, a mi tulipán le dabaSegovia igual conducir bajo la lluvia; decía que así se sentía como en casa. Dejamos las nubes atrás al cruzar la sierra y en Segovia ya no llovía.

 
Acueducto, alcázar y demás iconos segovianos vistos (y después de ver otra vez mogollón de espadas pero ningún sello) nos fuimos al Cañón del Río Lobos, en Soria. No sé si alguno conocerá la provincia, pero yo personalmente estoy enamorada del paisaje soriano. Su tierra roja, sus riscos, la limpieza del aire, los buitres,… no me cansa, y eso que voy cada verano.

Cañón del Río Lobos
Nos quedamos a dormir en el camping del Cañón del Río Lobos, que de todos en los que estuve los días posteriores, fue el que más me gustó. Los aseos y las duchas estaban muy limpios y entre parcelita y parcelita había un seto para dar un poco de privacidad a cada tienda. No es que tenga nada en contra de relacionarme con la gente, pero hay días que no me apetece ver como cena o como se saca un moco el señor de la tienda de al lado. Inconvenientes: la rasca que hace en cuanto se pone el sol. Pero eso también es uno de los atractivos de la zona. Quien vaya a Soria que no espere calorcillo veraniego.

Viajes 6:20 pm

Érase una vez un tulipán y una española que se conocieron en las septentrionales tierras de Flandes. Pasados algunos meses y ella tuvo que regresar a su tierra y despedirse de su tulipán (lo que no quiere decir que lo dejase plantado, ya que se encargó de su cuidado a distancia). Mes y medio después el tulipán emprendió el viaje hacia el sur y se reencontraron.

Tras pasar unos días en la corte del reino, emprendieron una bonita y divertida ruta por tierras ibéricas.

 

  • Etapa 1: Toledo, la ciudad de las espadas y la maldición del sello.  

 
Empezamos el día con un chasco. En la oficina de alquiler de coches, a pesar de haber reservado con dos días de antelación y de haber llegado pronto, nos tocó la empleada nueva, que además de casi perdernos la tarjeta de crédito, de tardar siglos en hacer el papeleo y de cambiarnos tres veces de coche porque no se aclaraba con el sistema, nos hizo la pirula y nos dio un Nissan Micra. Yo le quiero mucho, pero tengo que admitir que es un poco especialito con los coches, porque a mi tulipán le dio un disgusto cuando nos dieron el micra (o la “rana”, como prefería llamarlo él) .Él decía que quería un coche europeo, preferentemente alemán, pero ese día ya no nos lo podían cambiar porque no había más, así que nos fuimos a Toledo en la rana. He dicho que nos fuimos, como si no nos hubiese costado Toledonada, pero nada más lejos de la realidad. Entre que ni él ni yo nos aclarábamos con el tráfico de Madrid y que cada dos por tres hay una calle cortada o un desvío por obras, hicimos 70km antes de salir de la capital. Suena exagerado pero es cierto. Nos perdimos 3 ó 4 veces. Fue algo surrealista, pero también fue un buen entrenamiento para lo que nos esperaba los días siguientes, en los que nos perdimos muchas veces más.

 
Toledo nos gustó mucho, con sus calles empinadas, su muralla, sus espadas y a pesar de su falta de sellos. Sí, sí, de sellos, porque no encontramos ni una tienda en el centro donde les quedaran sellos. En todas partes se habían agotado. Mi tulipán y yo alucinábamos. Sellos no habría, pero las espadas surgían como las setas. Era como si fueses a entrar a una tienda y te pasase esto:

   - Hola, buenos días. ¿Me puede dar un sello para Europa?

   - Ui, lo siento. Se me han agotado, pero si quiere le puedo vender una espada a muy buen precio.

 
La maldición del sello nos acompañó durante todo el viaje. Aún sin terminar de creérnoslo, en Segovia lo volvimos a intentar, pero por alguna extraña razón, en todas partes donde preguntábamos se les habían agotado. Pero no adelantaré acontecimientos, porque Segovia ya es otra etapa.