Érase una vez un tulipán y una española que se conocieron en las septentrionales tierras de Flandes. Pasados algunos meses y ella tuvo que regresar a su tierra y despedirse de su tulipán (lo que no quiere decir que lo dejase plantado, ya que se encargó de su cuidado a distancia). Mes y medio después el tulipán emprendió el viaje hacia el sur y se reencontraron.
Tras pasar unos días en la corte del reino, emprendieron una bonita y divertida ruta por tierras ibéricas.
- Etapa 1: Toledo, la ciudad de las espadas y la maldición del sello.
Empezamos el día con un chasco. En la oficina de alquiler de coches, a pesar de haber reservado con dos días de antelación y de haber llegado pronto, nos tocó la empleada nueva, que además de casi perdernos la tarjeta de crédito, de tardar siglos en hacer el papeleo y de cambiarnos tres veces de coche porque no se aclaraba con el sistema, nos hizo la pirula y nos dio un Nissan Micra. Yo le quiero mucho, pero tengo que admitir que es un poco especialito con los coches, porque a mi tulipán le dio un disgusto cuando nos dieron el micra (o la “rana”, como prefería llamarlo él) .Él decía que quería un coche europeo, preferentemente alemán, pero ese día ya no nos lo podían cambiar porque no había más, así que nos fuimos a Toledo en la rana. He dicho que nos fuimos, como si no nos hubiese costado
nada, pero nada más lejos de la realidad. Entre que ni él ni yo nos aclarábamos con el tráfico de Madrid y que cada dos por tres hay una calle cortada o un desvío por obras, hicimos 70km antes de salir de la capital. Suena exagerado pero es cierto. Nos perdimos 3 ó 4 veces. Fue algo surrealista, pero también fue un buen entrenamiento para lo que nos esperaba los días siguientes, en los que nos perdimos muchas veces más.
Toledo nos gustó mucho, con sus calles empinadas, su muralla, sus espadas y a pesar de su falta de sellos. Sí, sí, de sellos, porque no encontramos ni una tienda en el centro donde les quedaran sellos. En todas partes se habían agotado. Mi tulipán y yo alucinábamos. Sellos no habría, pero las espadas surgían como las setas. Era como si fueses a entrar a una tienda y te pasase esto:
- Hola, buenos días. ¿Me puede dar un sello para Europa?
- Ui, lo siento. Se me han agotado, pero si quiere le puedo vender una espada a muy buen precio.
La maldición del sello nos acompañó durante todo el viaje. Aún sin terminar de creérnoslo, en Segovia lo volvimos a intentar, pero por alguna extraña razón, en todas partes donde preguntábamos se les habían agotado. Pero no adelantaré acontecimientos, porque Segovia ya es otra etapa.


Supongo que, a pesar del coche, estarás siendo una buena anfitriona. Respectoa los sellos es algo que viene pasando desde hace tiempo,mucho, mucho tiempo, cuando la gente dejó de comprar sellos porque sencillamente dejó de enviar cartas. Y con la pérdida del sello tradicional (el que te deja la boca con un resgusto un poco repelente) ha llegado el sello pegatina en el que, ya en la oficina de correos, te imprimen el coste del envío, eso sí, tras “unos minutos” en la correspondiente cola.
Respectoa las espadas, bien orgullososs que están en Toledo con ser loq eu frabircaron unas cuantas de las que salen en “El señor de los anillos”
Comment Por Vogart ;— August 28, 2006 @ 1:14 am
Viste la oficina de información que hay delante de la Catedral?? Pues ahí fui yo a preguntar dónde se encontraba la susodicha Catedral XD.
Comment Por Isa ;— September 3, 2006 @ 6:27 pm