El relato de mis vacaciones empezó con bastante fuerza de voluntad, pero la cosa va decayendo, asi que paso a hacer un pequeño resumen.
- Del cámping en Soria nos fuimos a Santo Domingo de Silos (oimos cantar a los monjes y nos compramos un CD que nos va a venir de miedo para dormir la siesta), Burgos y de ahí a San Sebastián. Al entrar en esta última ciudad nos perdimos 3 veces. De hecho ese día nunca llegamos a entrar en la ciudad propiamente dicha, sino que nos quedamos en un cámping en un pueblo cercano.

- Cuando por fín atravesamos el laberinto de carreteras que rodea Donostia abandonamos la idea de ir a la playa, porque ahí ya no cabía ni un alfiler, y pusimos rumbo a Mundaka, en Vizcaya. Para apreciar mejor la riqueza del paisaje, en lugar de tomar la autovía, nos metimos por las carreteritas provinciales que siguen el trazado de la costa. Mucho más amenas que la autovía, aunque a veces mareasen un poco.
- Mundaka fue nuestro campamento base durante los dos días que estuvimos por la zona, en Bermeo, Guernica y Bilbao (en plenas fiestas). Mencion especial para una pequeña ermita en lo alto de una isleta junto a la costa. Nos dejamos los higadillos subiendo la escalinata que la comunica con la costa, pero mereció la pena. La vista desde allí es todo un regalo para los sentidos.
- De Mundaka nos fuimos a Santander y al día siguiente pusimos rumbo a los Picos de Europa, pasando antes por Santillana del Mar (donde no estuvimos más de 15 minutos, nos agobiamos con tanto turista suelto en un pueblo tan pequeño) y Comillas. La zona de Fuente Dé, con sus bosques y su teleférico hasta lo alto de la montaña es increible. Lo mejor: los paisajes. Lo curioso: que, casualidades de la vida, me encontré a mi prima en lo alto de la montaña. Lo malo: el frio de la montaña por la noche y la infección de orina que pillé a raíz de eso. Me encantó la experiencia de la acampada, pero como dicen algunos viejos, "esta gente joven de ciudad, ya no aguanta ná". Yo si aguanto, es mi cuerpo el que se queja…

Hoy se ha marchado mi tulipán y mañana vuelvo a las prácticas. Se acabaron las vacaciones…
igual conducir bajo la lluvia; decía que así se sentía como en casa. Dejamos las nubes atrás al cruzar la sierra y en Segovia ya no llovía. 
nada, pero nada más lejos de la realidad. Entre que ni él ni yo nos aclarábamos con el tráfico de Madrid y que cada dos por tres hay una calle cortada o un desvío por obras, hicimos 70km antes de salir de la capital. Suena exagerado pero es cierto. Nos perdimos 3 ó 4 veces. Fue algo surrealista, pero también fue un buen entrenamiento para lo que nos esperaba los días siguientes, en los que nos perdimos muchas veces más. 
